| A TI, MADRE... Ofrezco humilde estos cálidos loores a ti madre de diáfana ternura, que preparas el pan con levadura entre guisados de mágicos sabores. Madre mía bendita por tus obras y bienaventurado tu consejo sabio, a ti te honro con indemne labio y con adornos de ágatas preciosas. Madre mía, que siendo niño miraba cómo sentada en ese añoso sillón, tejías un mantel de travieso bordón con figuras de flores y cuerda trenzada; tus manos saben miles de labores que lo mismo tejen la finura, de la tela con toda su blancura que con hilos de cientos de colores. Madre, que me dabas la hermosa bendición cuando me marchaba hacia la escuela, hoy levanto a Dios incólume oración para que siga siendo tu vida mi proeza, gracias por ser la compañera de mi padre por estar con él en momentos malos y buenos, gracias porque tú me encaminaste por las veredas de la vida con andar sereno. Madre, tu deseo se siente satisfecho gracias por tus incontables sacrificios, gracias porque me enseñaste los caminos para convertirme en un hombre de provecho; arropa mi verso en tu maternal regazo gran mujer ejemplo de constancia, porque eres tú la fuerza de mi brazo y el prístino sentir de mi amor en abundancia. _________________ |
martes, 17 de mayo de 2011
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