martes, 17 de mayo de 2011


A TI, MADRE...

Ofrezco humilde estos cálidos loores
a ti madre de diáfana ternura,
que preparas el pan con levadura
entre guisados de mágicos sabores.

Madre mía bendita por tus obras
y bienaventurado tu consejo sabio,
a ti te honro con indemne labio
y con adornos de ágatas preciosas.

Madre mía, que siendo niño miraba
cómo sentada en ese añoso sillón,
tejías un mantel de travieso bordón
con figuras de flores y cuerda trenzada;
tus manos saben miles de labores
que lo mismo tejen la finura,
de la tela con toda su blancura
que con hilos de cientos de colores.

Madre, que me dabas la hermosa bendición
cuando me marchaba hacia la escuela,
hoy levanto a Dios incólume oración
para que siga siendo tu vida mi proeza,
gracias por ser la compañera de mi padre
por estar con él en momentos malos y buenos,
gracias porque tú me encaminaste
por las veredas de la vida con andar sereno.

Madre, tu deseo se siente satisfecho
gracias por tus incontables sacrificios,
gracias porque me enseñaste los caminos
para convertirme en un hombre de provecho;
arropa mi verso en tu maternal regazo
gran mujer ejemplo de constancia,
porque eres tú la fuerza de mi brazo
y el prístino sentir de mi amor en abundancia.
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